Arte y poder en la España del Siglo de Oro

Las Meninas or The Family of Philip IV, c.1656 (oil on canvas) by Velazquez, Diego Rodriguez de Silva y (1599-1660); 316×276 cm; Prado, Madrid, Spain; Spanish, out of copyright


Dossier : Arte y poder en la España del Siglo de Oro

Este dossier permite a los estudiantes de CPGE 1 LSH un estudio de obras pictóricas, fragmentos de obras teatrales de Calderón de la Barca y Buero Vallejo, de una novela de Arturo Pérez Reverte así como de un artículo de prensa a partir del visionado del documental El cuadro de Andrés Sanz (2019), proyectado  en la 25 edición del festival Cinespaña celebrado  la primera semana de octubre.
El cuadro es un documental sobre Las Meninas de Velázquez, la obra de arte más interpretada de la historia. Es también una película de misterio que convierte a los espectadores en detectives y les guía por un laberinto de pistas que van desentrañando historiadores, conservadores, arquitectos, críticos y artstas, para conducirnos a la revelación de sus secretos, a la vez que van despejando algunas dudas que se convierten en dudas mayores.
Un largometraje original que nos revela además las relaciones entre arte y poder, al recordarnos la ambición del propio Velázquez por ascender socialmente en la corte de Felipe IV, tal como lo evoca el dramaturgo Buero Vallejo ( autor estudiado en el programa ENS Lyon 2017) en su obra epónima de 1960.
Pero  sobre todo nos da la oportunidad de sumirnos en la España del Siglo de Oro, en particular en el reinado de los últimos Hasburgos : época de la figura del valido todopoderoso, de grandes escritores en un país donde todavía nunca se ponía el sol.

1. Velázquez y la atracción del pode
2. Buero Vallejo, Las Meninas 1a part
3. Foucault, Les mots et les choses
4. Calderón, monólogo de Segismundo
5.  La vida es sueño: entre la polémica…
6.  Quevedo, soneto LXIII

https://www.youtube.com/watch?v=_Dxt_AulQxY Trailer du documentaire El cuadro d’Andrés Sanz
https://www.youtube.com/watch?v=3cqdOhuboC4 Las Meninas, Museo nacional del Prado.



1. Velázquez y la atracción del poder
Los museos cierran sus puertas, pero la contemplación del arte sigue abierta. Cada día, destacamos una obra visitable en la red y surgida del diálogo entre dos creadores. Hoy: ‘Retrato del Papa Inocencio X’, de Velázquez, el favorito de GiacomettiEl museo fue el hábitat de Alberto Giacometti. Decía que interrogaba cada obra “intensa, largamente”, una tras otra, para “aguzar la mirada”. “Cuando te propones copiar ves mejor la cosa”, le dijo al historiador del arte Pierre Scheneider. El día que el escultor conoció Las Meninas”y Las hilanderas no tuvo esa calma con la que degustaba a los maestros antiguos: tuvo que vérselas con la muchedumbre del Museo de Bellas Artes de Ginebra, donde habían llegado los camiones con las joyas del Museo del Prado, huyendo de la Guerra Civil y de los bombardeos franquistas. Las taquillas del museo suizo registraron más de 345.000 visitantes entre junio y agosto de 1939. El éxito se clausuró unos días antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial. Curiosamente, a Giacometti le gustó más Las hilanderas. Pero, de Velázquez, su preferido siempre fue –como el de su amigo Francis Bacon– el Retrato del Papa Inocencio X, que el artista sevillano pintó en 1650, durante su segundo viaje a Roma. La Galería Doria Pamphili, en Roma, conserva ese cuadro en su colección. El lienzo puede verse en su página web durante el cierre temporal de ese museo privado.Velázquez viajaba por segunda vez a la capital italiana y, veinte años después del primero, “perseguía ganarse el favor papal con vistas a sus aspiraciones al hábito de Santiago”, cuenta Javier Portús, jefe de conservación de pintura española hasta 1800 del Museo del Prado. Al servicio al rey Felipe IV había aprendido que la gloria del pintor –y de la pintura– dependía del contacto con los poderosos. Ellos avalaban con rapidez honor, prestigio y reconocimiento. Así que Velázquez apostó por el retrato, género que le abría las puertas de los despachos de los todopoderosos. Para escalar hasta el Papa repitió la misma jugada que usó para convencer a Felipe IV. Si entonces el cebo fue el retrato de Juan de Fonseca –sumiller de cortina del rey–, en Roma se sirvió del arrogante retrato de Juan de Pareja, que se expuso públicamente –justo ayer, día de San José, hace 350 años– en el Panteón. Ni era un encargo ni, probablemente, colmara el deseo de Velázquez de poseer un recuerdo de su antiguo esclavo. El Papa picó.Ante él posaron los principales miembros de la corte papal y, entre agosto y septiembre de aquel año, Inocencio X. Velázquez mostró una vez más su interés para camuflarse en los gustos de sus clientes y se olvidó de la frialdad emocional con la que se hacían representar los Austrias. Tocaba enfatizar la intimidad de los protagonistas y, en este caso, dejar que aflorase la ansiedad del pontífice. La imponente pintura se exhibe hoy en las salas de este majestuoso palazzo como símbolo de la máxima autoridad y, por tanto, como negación del resto de los retratos. Porque son un aparato de exclusión: se erigen en el reconocimiento, pero es imposible reconocerse en ellos. Velázquez remató su conquista en el papel que sostiene el pontífice, donde incluyó una de las escasas firmas de su carrera.
El País
, sección Cultura, 20.03.2020

2. Buero Vallejo, Las Meninas 1a part

EL REY – Velázquez no es un rebelde.
EL MARQUES – Ante vos, no, señor : no es tan necio. Ante mí, de quien recibe justas órdenes, solo muestra desdén y desobedencia.
EL REY – Es un excelente pintor.
EL MARQUES – (señala a Nardi, que permaneció apartado.) Si vuestra majestad da su venia al maestro Nardi para que hable en mi lugar, él podrá señalar, como excelente pintor que también es, algunas condiciones extrañas que nos parece advertir en el cuadro que « l sevillano »  pretende pintar.
EL REY – ( Después de un momento.) Acercaos, maestro Nardi.
NARDI – (Se acerca y se inclina.) Señor…
EL REY – Ya en otra ocasión Carducho y vos me hablasteis injustamente de Velázquez. ¿Qué tenéis que decirme ahora de la pintura que se dispone a ejecutar ? Medid vuestras palabras.
NARDI – Señor, si volviera a errar, a vuestra benignidad me acojo. Solo me mueve el deseo de servir lealmente a vuestra majestad.
EL REY – Hablad.
NARDI – Si no me constara el amor que don Diego profesa al trono, diría que se mofaba con esa pintura de su misión de pintor de cámara.
EL REY – Es una pintura de las infantas.
NARDI – Pero…nada respetuosa…La falta de solemnidad en sus actitudes las hace parecer simples damas de la Corte : los servidores, los enanos y hasta el mismo perro parecen no menos importantes que ellas…( EL REY vuelve a sentarse. NARDI  titubea, mas sigue hablando.)  Tampoco se escoge el adecuado país para el fondo, o al menos el ligar palatino que corresponda a la grandeza de vuestras reales hijas, sino un destartalado obrador de pintura con un gran bastidor bien visible porque…porque…
EL REY – Continuad.
EL MARQUES – Con la venia de vuestra majestad lo haré yo, pues sé lo que la prudencia del maestro vacila en decir. Un gran bastidor en el que el propio « sevillano » se pinta. Lo más intolerable es que representa la glorificación de Velázquez  pintada por el propio Velázquez. Y sus altezas, y todo lo demás, están de visita en el obrador de este fatuo.
NARDI – Más bien resulta por ello un cuadro de criados insolentes que de personas reales, señor.
EL MARQUES – Justo. Y donde el más soberbio de ellos, con los pinceles en la mano, confirma la desmesurada idea que de sí mismo tiene.
NARDI – Confío en que don Diego no llegará a pintarlo en tamaño tan solemne ; pues sería, si vuestra majestad me consiente un símil literario, como si don Pedro Calderón hubiese escrito une de sus grandes comedias… en prosa.
ELMARQUES – No confío yo tanto en la cordura de un hombre que acaso ha osado en su fuero interno creerse no inferior ni a la suprema grandeza de vuestra majestad.
EL REY – ( Airado.) ¿ Qué ?
EL MARQUES – Parece que él mismo ha dicho, señor, que sus majestades se reflejarían en el espejo. No he encontrado lugar más mezquino para vuestras majestades en el cuadro, mientras él mismo se retrata en gran tamaño. No me sorprende : yo nunca oí a Velázquez, y dudo que vuestra majestad los haya oído, aquellos justos elogios que el amor del vasallo debe a tan excelso monarca y que le han prodigado ingenios en nada inferiores a Velázquez. (  EL REY los mira a los dos, pensativo)
Antonio Buero Vallejo, Las Meninas (parte primera), 1960

3. Foucault, Les mots et les choses


Mais peut-être est-il temps de nommer enfin cette image qui apparaît au fond du  miroir, et que le peintre contemple en avant du tableau. Peut-être vaut-il mieux fixer une bonne fois l’identité des personnages présents ou indiqués, pour ne pas nous embrouiller à l’infini dans ces désignations flottantes, un peu abstraites, toujours susceptibles d’équivoques et de dédoublements : « le peintre », « les personnages », « les modèles », « les spectateurs », « les images ». Au lieu de poursuivre sans terme un langage fatalement inadéquat au visible, il suffirait de dire que Vélasquez a composé un tableau ; qu’en ce tableau il s’est représenté lui-même, dans son atelier, ou dans un salon de l’Escurial, en train de peindre deux personnages que l’infante Marguerite vient contempler, entourée de duègnes, de suivantes, de courtisans et de nains ; qu’à ce groupe on peut très précisément attribuer des noms : la tradition reconnaît ici Doña Maria Agustina Sarimiente, la-bàs Nieto, au premier plan Nicolaso Pertusato, bouffon italien. Il suffirait d’ajouter que les deux personnages qui servent de modèles au peintre ne sont pas visibles, au moins directement ; mais qu’on peut les apercevoir dans une glace ; qu’il s’agit à n’en pas douter du roi Philippe IV et de son épouse Marianna.
Ces noms propres formeraient d’utiles repères, éviteraient des désignations ambigües ; ils nous diraient en tout cas ce que regarde le peintre, et avec  lui la plupart des personnages du tableau. Mais le rapport du langage à la peinture est un rapport infini. Non pas que la parole soit immédiate, et en face du visible dans un déficit qu’elle s’efforcerait  en vain de rattraper. Ils sont irréductibles l’un à l’autre : on a beau dire ce qu’on voit, ce qu’on voit ne loge jamais dans ce qu’on dit, et on a beau faire voir, par des images, des métaphores, des comparaisons, ce qu’on est en train de dire, le lieu où elles resplendissent n’est pas celui que déploient les yeux, mais celui que définissent les successions de la syntaxe. Or le nom propre, dans ce jeu, n’est qu’un artifice : il permet de montrer du doigt, c’est-à-dire de faire passer subrepticement de l’espace où l’on parle à l’espace où l’on regarde, c’est-à-dire de les refermer commodément l’un sur l’autre comme s’ils étaient adéquats. Mais si on veut maintenir ouvert le rapport du langage et du visible, si on veut parler  non pas à l’encontre mais à partir de leur incompatibilité, de manière à rester au plus proche de l’un et de l’autre, alors il faut effacer les noms propres et se maintenir dans l’infini de la tâche. C’est peut-être par l’intermédiaire de ce langage gris, anonyme, toujours méticuleux et répétitif parce que trop large, que la peinture, petit à petit, allumera ses clartés.
Il faut donc feindre de ne pas savoir qui se reflétera au fond de la glace, et interroger ce reflet au ras de son existence.
Michel Foucault, Les mots et les choses, chap.I Les suivantes (1966)


4. Calderón, monólogo de Segismundo

Habla Segismundo

Es verdad; pues reprimamos
esta fiera condición,    
esta furia, esta ambición              1165
por si alguna vez soñamos.   
Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,           
que el vivir sólo es soñar;       
y la experiencia me enseña         1170
que el hombre que vive sueña           
lo que es hasta despertar.      
Sueña el rey que es rey, y vive      
con este engaño mandando,  
disponiendo y gobernando;         1175
y este aplauso que recibe     
prestado, en el viento escribe,           
y en cenizas le convierte        
la muerte (¡desdicha fuerte!);
¡que hay quien intente reinar,     1180
viendo que ha de despertar    
en el sueño de la muerte!       
Sueña el rico en su riqueza            
que más cuidados le ofrece;  
sueña el pobre que padece          1185
su miseria y su pobreza;        
sueña el que a medrar empieza,        
sueña el que afana y pretende,          
sueña el que agravia y ofende;          
y en el mundo, en conclusión,     1190
todos sueñan lo que son,       
aunque ninguno lo entiende.   
Yo sueño que estoy aquí    
destas prisiones cargado,      
y soñé que en otro estado         1195
más lisonjero me vi.    
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,        
y el mayor bien es pequeño;     1200
que toda la vida es sueño,      
y los sueños, sueños son.    
 
Calderón de la Barca
La vida es sueño (Jornada II), 1636



5. La vida es sueño: entre la polémica teológica y el problema de la ciencia humana

El motor trágico de La vida es sueño radica en el problema del destino: tragedia del destino, de la confusa circularidad de observar el dramático cumplimiento de un hecho preestablecido. Se inserta la obra dentro de un candente contexto histórico: el problema de la predestinación. Basilio teme el cumplimiento de un horóscopo. Y en Calderón éste suele producirse con una demoledora literalidad irónica: el rey acabará vencido a los pies de Segismundo.
Lo cierto es que La vida es sueño aprovecha la relación milenaria entre el poder y la astrología para examinar lúcidamente la dialéctica entre la metáfora el orden macrocósmico del mundo y una racionalidad despótica, la de Basilio, dispuesto a ordenar bajo ese falaz modelo la existencia individual de su hijo y, de paso, el mantenimiento a ultranza del poder.
El escenario se presta a la controversia de auxiliis: la polémica teológica entre los jesuitas (que valoraban la inteligencia, voluntad y libre albedrío del individuo con el apoyo eficaz de la gracia divina que, de ese modo, no le impide la libertad de elegir), y los dominicos (que, por oposición, se mostraban defensores de la total omnipotencia y justicia divinas). Calderón, formado en los jesuitas, sigue, naturalmente, esta tendencia optimista que permite al hombre, a través de una peripecia o drama, enfrentarse al orden negativo del hado. De nuevo, como era de esperar, opera la poderosa capacidad sincrética de Calderón para subordinar una concepción filosófica a la ley cristiana. Nuestro autor percibe la grandiosidad de la lucha trágica del hombre -microcosmos- frente al universo -macrocosmos- centrando la situación dramática en el problema de la existencia humana que se explica por el dilema platónico razón (orden universal) vs. Pasión (la voluntad humana que puede quebrar la fatalidad), explicitado en diversos textos.[…]
El esquema semántico de la soledad de Segismundo, el vértigo (entre oscuro y racionalizador) de su soliloquio, o, en definitiva, su violencia, provienen precisamente de un saber, de esa educación recibida de Clotaldo (en este sentido un fantasmático Basilio, un segundo padre) que le hace inferir de una moral positiva y natural, de un conocimiento de un cosmos ordenado que intuye en su entorno (y que nombra en forma de universo estable en sus famosas décimas) la conciencia de reconocerse víctima de una sinrazón. La violencia de Segismundo (y, en consecuencia, su rebeldía), lejos de explicarse por el puro instinto, se origina también en el propio saber o, por mejor decir, en el no tener derecho a saber.
La vida es sueño como teoría del conocimiento y como ética pragmática
La confluencia de la preocupación pedagógica de Platón (con referencia, sobre todo, y esto es importante, a la educación de los gobernantes) y el desarrollo dramático de La vida es sueño supone poner en relación los libros VI y VII de la República (mito de la caverna).
Belleza y conocimiento, bien y saber, trazan así el círculo de la teoría calderoniana de la realidad construida sobre los principios epistemológicos no ya sólo del conocer sino del reconocer la realidad, inscribirla en una epistemé prudencialista, alimentada por el desengaño (que no es patrimonio exclusivo ni degradante de la cultura barroca). Con este punto de partida (la constatación paradójica de que mis percepciones me pueden engañar) se puede llegar a dos terrenos: la seguridad de la conciencia o la seguridad de la moral. Sobre 1635, Calderón, rodeado de la gran tramoya del barroco español opta por la segunda. En 1641, René Descartes opta por el primer absoluto: el imperativo de la seguridad humana del pensar que crea la conciencia. La duda metódica teatral, ese drama o metateatro que dirige Basilio en un doloroso experimento pedagógico prudencialista, descubre la solución española a la cuestión teórica de cómo enfrentarse al conocimiento y a la realidad: el realismo ético. Aprender actuando en la existencia real. Poner en duda, a estas alturas, que no tiene sentido comparar las indagaciones paralelas de Calderón y Descartes sobre una eventual teoría de la percepción (implicados ambos en la crisis de un contexto histórico europeo en la que difícilmente se delimitaba lo científico y lo moral), es poco aceptable. En la frontera de la modernidad, quizá en lados que sería difícil atribuir a cada uno, ambos intentaron mostrar, en magníficas parábolas literarias, que sobre el error no puede levantarse el edificio de la verdad. Y que la pasión, como todo lo humano, puede someterse a sistema. Pero, eso sí, se trata de un sistema de profundo pragmatismo. Un pragmatismo casi kantiano. Ante la teatralizada imposición de una dudosa realidad se arriesga Calderón por una ética práctica.
Evangelina Rodríguez Cuadros, www.cervantesvirtual.com

6.  Quevedo, soneto LXIII

Describe la vida miserable de los palacios,
y las costumbres de los poderosos que en ellos favorecen
Para entrar en palacio las afrentas,
¡oh Licionio!, son grandes, y mayores
las que dentro conservan los favores
y las dichas mentidas y violentas.

Los puestos en que juzgas que te aumentas
menos gustos producen que temores,
y vendido al desdén de los señores,
pocas horas de vida y de paz cuentas.

No te queda deudor de beneficio
quien te comunicare cosa honesta;
y sólo alcanzarás puesto y oficio

de quien su iniquidad te manifiesta;
a quien, cuando quisieres, de algún vicio
pudieres acusarle sin respuesta.

Francisco de Quevedo, El Parnaso, XXVIII op.post (1648)

7. VERSION
Algo nos une mucho más que Zara o Starbucks

La exposición Velázquez, Rembrandt, Vermeer…puede estar terminando, pero nos va a dejar una lección que no solo deberíamos colgar de nuestro encefalograma, plano o convexo, sino del ADN. Una modificación genética de nuestra idiosincrasia para incorporar algunos efectos beneficiosos de la historia no nos vendría mal en esta Europa enfrentada.
El Museo del Prado ha exhibido en estos meses cuadros memorables de Velázquez, Rembrandt y Vermeer y nos ha demostrado algo importante: si nos creíamos diferentes, enfrentados, parte de ramas contrapuestas de un mismo tiempo, nos equivocamos, porque compartimos un universo de miradas y valores que nos aproximan enormemente. ¿A que les suena? Pero no estamos hablando del Brexit, ni de Salvini, ni de Hungría, no.
Hablamos del siglo XVII, de los Países Bajos y España. Mientras ambos batallaban en la guerra de los Ochenta Años, pintores contemporáneos como los tres citados y otros como Murillo, Hals o Zurbarán miraban a su lienzo en territorios tan lejanos y enfrentados para plasmar, sin embargo, pensamientos parecidos. Los países estaban de espaldas. Pero las miradas confluían.
Mucho antes de que los escaparates de Zara, Starbucks o Dolce & Gabana nos recordaran que, en Londres, Ámsterdam o Moscú pisamos una misma globalidad, esos maestros pintaron parecidos gremios, oficios, bufones, mendigos, hogares y bodegones. No era Rembrandt más sobrio que Velázquez ni las callejuelas de Delft menos coloridas que las de Sevilla.
Alejandro Vergara, el artífice de la exposición, planteaba en Babelia una cuestión de hondura: “¿Y si el valor de una obra fuese justamente, no que se acerca a nosotros, sino que nos lleva lejos?”. Pregunta magistral, sí, para colgar también en el encefalograma.. Atrevámonos a esa modificación genética porque urge aprender esa lección.
Berna González Harbour, El País , 20.09.2019

8. Le peintre, le roi et les spectateurs

Pour se représenter ainsi, au centre optique d’une scène dont le tableau en tant qu’artefact est le sujet principal, comme l’ordonnateur d’une expérience visuelle éblouissante dont les protagonistes, du chien et de l’enfant au roi et à la reine, sont les auxiliaires et les complices, il fallait que Velázquez ait une position sociale élevée ou du moins qu’il puisse y aspirer en confiance avec le souverain. Il fallait également qu’il ait une conscience aiguë de la relation entre la construction de l’espace pictural et celle de l’espace social. Cette conscience vient de l’histoire de la peinture et de la connaissance qu’il en avait en tant que curateur des collections royales.
Dans Les Vexations de l’art (Gallimard), Svetlana Alpers décrit Les Ménines comme «un tableau de spectateur». Où est le peintre quand il peint? Où est le modèle quand il pose? Que voit l’un et que voit l’autre pendant l’exécution; et après, quand ils peuvent tous les deux contempler le résultat? Que se passe-t-il quand des tiers voient le travail dans l’atelier ou le tableau terminé? Certains artistes ont représenté explicitement la relation entre le peintre, le modèle, le spectateur et le tableau.
Quelle est la vérité des Ménines, quel est ce tableau que Velázquez a peint tel que nous le voyons? Velázquez fait un pas de plus. Il s’interroge et nous questionne sur l’image et la vérité. Tout se dérobe et tournoie, le sujet, la scène, les personnages… Une seule chose reste ferme et certaine, la place créée devant le tableau, celle du roi et de la reine qui regardent, du peintre et du spectateur mis à côté du couple royal et qui regardent aussi, inégaux partout dans la vie, remis à égalité dans cet espace créé grâce au pouvoir de la peinture. Le dispositif tourne à plein régime. Ils voient tous la même chose. Mais que font-ils pour la comprendre?

Le Temps (Genève), 2016

En torno a Manuel de Falla

Los estudiantes de CPGE 2  Espagnol spécialité propusieron un taller de traducción a los estudiantes LSH LVA alrededor  de Maurice Ravel y Manuel de Falla cuyas obras se interpretaron en un concierto al que asistieron en La Halle aux Grains el 10.01. Los talleres se organizaron los lunes 13 y 20 de enero.

Article intégral EN TORNO A MANUEL DE FALLA


THEME SPECIALITE        A GRENADE AVEC MANUEL DE FALLA

 

L’après midi du dimanche il y a tertulia chez Don Manuel. La plupart de nos amis communs, entre autres Don Fernando de los Ríos[1], depuis un grand personnage du nouveau régime, y accouraient. Comme on peut bien le penser, ce n’était pas la politique qui nous occupait, c’étaient des souvenirs, littéraires ou personnels, des voyages, des projets d’embellissements pour Grenade, telle trouvaille chez des fripiers, jusqu’à ce que, à la requête générale, Don Manuel se mît au piano. Tous les virtuoses qui, de par le monde, jouent sa musique en brillant auraient bien dû être parmi nous.

Peut-être y aurait-il eu quelqu’un à être éclairé par « ces étincelles jaillies du silex », ainsi que dit Paul Valéry de cette musique. Feu subtil, feu pur : l’image convient à l’auteur du Cimetière Marin. Hélas ! Rien qu’à voir le musicien de Grenade, nous ne pouvons nous empêcher de penser qu’elle renchérit un peu sur la vérité. La musique de Falla, cette musique qui nous fascine contre la flamme et nous exalte comme elle, qui chante pour nous, non plus comme la mer pour le poète, mais bien l’évanouissement de « l’âme consumée », cette musique n’est pas un feu sans aliment : elle vit de son auteur, elle l’use et le dévore. La figure de Falla, si mince, si émaciée, nous apparaît de plus en plus réduite en strict support d’une âme. Nous voudrions croire que c’est la maladie qui le mine ainsi. La maladie, il y a toujours recours contre elle. Mais au mal secret qui a nom sublimité, quel remède ? Falla nous en voudra de déceler ce mal ou du moins de lui donner un nom. Ou plutôt, non, il ne nous en voudra pas : il s’en voudra.

Il y a des moments où nous nous demandons si l’artiste assez pur, assez oublieux de soi pour regretter que l’œuvre d’art ne soit point anonyme et pour le souhaiter, ne se reproche pas d’être l’occasion de tant de joie et de tant d’enthousiasme. Et nous ne jurerions pas que, dans le fond de son cœur, de son cœur de croyant, il n’en demande pas pardon à Dieu.

Si quelqu’un, après cela, l’imaginait replié, vivant dans sa retraite à l’écart et à l’abri du monde, il se tromperait fort. Jamais l’expression « d’écho sonore »  appliquée à un artiste, n’a été plus vraie, plus littéralement vraie. Ah si seulement cette communication de Manuel de Falla avec le dehors n’était qu’esthétique ! S’il savait, s’il pouvait rester impassible ! Mais il ne peut pas. Devant une qualité d’âme si haute, devant une conscience qui donne le pas sur l’humain à tout autre intérêt, fût-ce la création artistique, on demeure confondu à la fois de vénération et de regret.

Mathilde Pomès, La Revue Musicale n°145, 1934.

[1] Originaire de la province de Grenade, grand ami de Falla et García Lorca. Homme politique, député socialiste et successivement Ministre de la Justice,  de l’Education et  de l’Intérieur dans les premiers gouvernements de la II République Espagnole entre 1931 et 1933.


 

THEME SPECIALITE        A GRENADE AVEC MANUEL DE FALLA

L’après midi du dimanche il y a tertulia chez Don Manuel. La plupart de nos amis communs, entre autres Don Fernando de los Ríos[1], depuis un grand personnage du nouveau régime, y accouraient. Comme on peut bien le penser, ce n’était pas la politique qui nous occupait, c’étaient des souvenirs, littéraires ou personnels, des voyages, des projets d’embellissements pour Grenade, telle trouvaille chez des fripiers, jusqu’à ce que, à la requête générale, Don Manuel se mît au piano. Tous les virtuoses qui, de par le monde, jouent sa musique en brillant auraient bien dû être parmi nous.

Peut-être y aurait-il eu quelqu’un à être éclairé par « ces étincelles jaillies du silex », ainsi que dit Paul Valéry de cette musique. Feu subtil, feu pur : l’image convient à l’auteur du Cimetière Marin. Hélas ! Rien qu’à voir le musicien de Grenade, nous ne pouvons nous empêcher de penser qu’elle renchérit un peu sur la vérité. La musique de Falla, cette musique qui nous fascine contre la flamme et nous exalte comme elle, qui chante pour nous, non plus comme la mer pour le poète, mais bien l’évanouissement de « l’âme consumée », cette musique n’est pas un feu sans aliment : elle vit de son auteur, elle l’use et le dévore. La figure de Falla, si mince, si émaciée, nous apparaît de plus en plus réduite en strict support d’une âme. Nous voudrions croire que c’est la maladie qui le mine ainsi. La maladie, il y a toujours recours contre elle. Mais au mal secret qui a nom sublimité, quel remède ? Falla nous en voudra de déceler ce mal ou du moins de lui donner un nom. Ou plutôt, non, il ne nous en voudra pas : il s’en voudra.

Il y a des moments où nous nous demandons si l’artiste assez pur, assez oublieux de soi pour regretter que l’œuvre d’art ne soit point anonyme et pour le souhaiter, ne se reproche pas d’être l’occasion de tant de joie et de tant d’enthousiasme. Et nous ne jurerions pas que, dans le fond de son cœur, de son cœur de croyant, il n’en demande pas pardon à Dieu.

Si quelqu’un, après cela, l’imaginait replié, vivant dans sa retraite à l’écart et à l’abri du monde, il se tromperait fort. Jamais l’expression « d’écho sonore »  appliquée à un artiste, n’a été plus vraie, plus littéralement vraie. Ah si seulement cette communication de Manuel de Falla avec le dehors n’était qu’esthétique ! S’il savait, s’il pouvait rester impassible ! Mais il ne peut pas. Devant une qualité d’âme si haute, devant une conscience qui donne le pas sur l’humain à tout autre intérêt, fût-ce la création artistique, on demeure confondu à la fois de vénération et de regret.

                                                                  Mathilde Pomès, La Revue Musicale n°145, 1934.

[1] Originaire de la province de Grenade, grand ami de Falla et García Lorca. Homme politique, député socialiste et successivement Ministre de la Justice,  de l’Education et  de l’Intérieur dans les premiers gouvernements de la II République Espagnole entre 1931 et 1933.

Article intégral EN TORNO A MANUEL DE FALLA

La Guerra Civil : de la muerte de Antonio Machado al compromiso de dos intelectuales franceses relevantes, François Mauriac y Georges Bernanos

La Guerra Civil : de la muerte de Antonio Machado al compromiso de dos intelectuales franceses relevantes, François Mauriac y Georges Bernanos.

Ludovic Dagostin

Article intégral PDF La Guerra Civil – de la muerte de Antonio Machado al compromiso de dos intelectuales franceses relevantes, François Mauriac y Georges Bernanos


Los 80 de Machado

Esta movida de multitudes de la política en precampaña coindice con el 80º aniversario de la muerte de Antonio Machado en Colliure (Francia). Allá quedó enterrado. El poeta cruzó por los Pirineos con un abrigazo grande y la madre en los brazos. En el gabán, antes de darle tierra, le hallaron un papel con un verso anotado a lápiz: «Estos días azules, y este sol de la infancia». Esa es la última huella, el dígito final de su poesía. A Machado (Antonio) lo empujaron a la nómina del exilio, la derrota y la tristeza, todo junto. Pero no lo han callado.Sucede con algunos poetas que sobreviven al fragor de la bandera y la pancarta. Son los que lanzan las palabras más lejos que la vida. Los honestos. Los mágicos. Los de grande fervor social porque en sus palabras cabemos todos. Porque en la plaza íntima de las palabras encontramos la forma de decir lo que afuera no se dice de igual modo. O no se dice. Faltan poetas de verdad. Sobran mujeres y hombres de mentira. Políticas y políticos. Una parte de la calle está muy sensibilizada para la poesía. Es la más social de los esquejes de la literatura. No por la soflama, sino por la verdad que lleva a cuestas cuando la lleva.Buscando citar a un poeta (fray Luis de León), quien escribió el libro que se ha perpetrado Pedro Sánchez, citó alegremente a otro (san Juan de la Cruz). Sucede cuando no se ha leído a ninguno. Este es el nivel. La política fatiga porque todo lo que cuenta es muy probable que no sea cierto o que nunca suceda. Que leyendo en voz alta un verso, se asesine por debajo de la mesa la poesía. Así se hace el oficio, dejando cada vez unas heladas más largas en el corazón.No sé si estoy muy solo también en esto: la pereza ante lo que asoma como hilo musical en los próximos meses resulta desalentadora. Mítines, promesas, telediarios, debates a cuatro, a tres, a dos… Qué más da. Ni la extrema derecha, que es el abrigo de la vieja derecha de siempre dado la vuelta, anima esto. Algunos colegas van dando aviso de lo que van a votar. Les envidio. En este exacto momento del jueves, a las 19.53, descreo sin pliegues de su mercancía congelada. Y fantaseo con la idea de que si salgo de casa el domingo grande de urnas es por probar el placer de llegar al sitio y volverme. Yo creo que sí. Más por tedio que otra cosa. Más por fatiga de lo mismo que por un vicio de derrota. Como dice el inmejorable Manuel Villanueva: «Estamos remontando, pero por el lado que no es». Machado sigue teniendo razón. Nos guarde Dios.

                          Antonio Lucas, El Mundo sección Opinión, 22 de febrero de 2019.

Machado, el refugiado

Se cumplen 80 años de la muerte de Antonio Machado en el pueblo francés de Colliure, adonde llegó huyendo del avance del ejército franquista

Hoy se cumplen 80 años de la muerte de Antonio Machado en el pueblo francés de Colliure, adonde llegó huyendo del avance del ejército franquista al final de la Guerra Civil y tras pasar la frontera en condiciones penosas en pleno invierno. En condiciones parecidas o incluso peores cruzaron los Pirineos 470.000 personas en apenas mes y medio en una huida a la que hoy se conoce en Francia por su nombre español: La Retirada. Aquel éxodo apresurado desbordó una región que en 1939 tenía 250.000 habitantes y cuyas autoridades improvisaron campos de concentración que a veces no eran más que una playa rodeada de alambre de espino y custodiada por guardias.

El primero en abrirse fue el de Argelès-sur-Mer, que llegó a alojar a 100.000 personas. A él acudirá este domingo el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una jornada que incluye visitas a las tumbas de Machado en Colliure y de Manuel Azaña en Montauban. El homenaje de Sánchez, el primero de este tipo que realiza un presidente en ejercicio, se suma a las continuas peregrinaciones anónimas a la modesta sepultura del poeta —convertido desde hace décadas en símbolo del exilio republicano— y a los actos promovidos por los descendientes de los exiliados. Exposiciones, conferencias y marchas simbólicas por los llamados “lugares de la memoria” recordarán durante todo el año un acontecimiento traumático en la historia europea: la crisis humanitaria que culminó la guerra desatada por el golpe de Estado de Franco.

En Francia, la tensión entre resistencia y colaboracionismo, gloria y vergüenza, hizo que la memoria histórica del siglo XX también pasara por su particular travesía del desierto. Sin embargo, al contrario que en España, hoy permanece al margen del debate político. Ochenta años después de una acogida entre temerosa y cruel por parte de las autoridades —compensada en ocasiones por la solidaridad de muchos particulares—, el país vecino ha hecho suyo de manera ejemplar el recuerdo de la penosa llegada de miles de refugiados que, en muchos casos, terminaron por instalarse en su territorio y convertirse en ciudadanos franceses. Se calcula que 70.000 de los que cambiaron de país en enero y febrero de 1939 eran menores de edad. Sería injusto que España —la gobierne quien la gobierne— se desentendiera por segunda vez de ellos y de sus hijos y nietos. También lo sería que aquella estampida de seres humanos que huían de la represión quedase petrificada como un mero hecho del pasado. El poeta Tomás Segovia, que fue niño del exilio, escribió que la memoria de la diáspora de 1939 solo serviría de algo si se tenía presente que el desamparo de los españoles que llegaron a Francia huyendo de la persecución para verse desposeídos de sus derechos es el mismo que sufren los refugiados que continúan a diario llegando a Europa.

                                           Alejandro Ruesga, El País, 22 de febrero de 2019.

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Los 80 años de la Retirada

Los 80 años de la Retirada

El 80 aniversario de la llamada Retirada, a consecuencia del final de la Guerra Civil  ha sido  el motivo de un viaje de estudios organizado los 18 y 19 de octubre de 2019 :un grupo de alumnos de 1ère section européenne y estudiantes de CPGE 1 ( LVA) et 2 (LVA + Espagnol spécialité) visitaron el museo del exilio de La Jonquera, la maternidad de Elna y el memorial – campo militar de Rivesaltes en complemento del trabajo realizado en clase en literatura e historia.

Lucie Dudreuil, Ludovic D’Agostin y José Núñez.

Article intégral LOS 80 AÑOS DE LA RETIRADA


WINNIPEG LAURA MARTEL

Fuente : Laura Martel y Antonia Santolaya, Winnipeg : el barco de Neruda, 2014.

La «Retirada» se refiere al exilio de republicanos españoles durante e inmediatamente después de la guerra civil española (1936-1939). Ángel Viñas, catedrático emérito de la Universidad Complutense de Madrid, especializado en la Guerra Civil y el franquismo caracteriza la Retirada como « uno de los capítulos más dramáticos de la Guerra Civil ».

En Francia fueron recluídos en campos de concentración (campos de Gurs, Le Vernet d’Ariège, Argelès, Saint-Cyprien y Barcarès, Septfonds, Rivesaltes entre otros).
Huyeron en terribles condiciones unos 475.000 refugiados a través de los Pirineos por la Junquera, Portbou, Le Perthus, Cerbère y Bourg-Madame.
El exilio republicano a otros países del mundo se produjo en particular en el continente americano : Méxicofue el segundo país de acogida de los exiliados republicanos españoles ; acogió entre 16.000 y 18.000 refugiados, Argentina a unos 10 000 mientras  a Chile llegaron 2200 refugiados así como a  Puerto Rico y  a Estados Unidos. Allí hubo mucho menos refugiados pero el impacto en cuanto al desarrollo del hispanismo fue decisivo.
El resto de la Europa Occidental, el norte de África y la URSS también albergaron a refugiados republicanos en 1939.

CAMP D'ARGELES SUR MER LA RETIRADA ROGER-VIOLLET

El tema del exilio en la narrativa española

Pasó el tiempo. Empecé a olvidar la historia. Un día de principios de febrero de 1999, el año del sesenta aniversario del final de la guerra civil, alguien del periódico sugirió la idea de escribir un artículo conmemorativo del final tristísimo del poeta Antonio Machado, que en enero de 1939, en compañía de su madre, de su hermano José y de otros cientos de miles de españoles despavoridos, empujado por el avance de las tropas franquistas huyó desde Barcelona hasta Collioure, al otro lado de la frontera francesa, donde murió poco después. El episodio era muy conocido, y pensé con razón que no habría periódico catalán (o no catalán) que por esas fechas no acabara evocándolo, así que ya me disponía a escribir el consabido artículo rutinario cuando me acordé de Sánchez Mazas y de que su frustrado fusilamiento había ocurrido más o menos al mismo tiempo que la muerte de Machado, sólo que del lado español de la frontera. Imaginé entonces que la simetría y el contraste entre esos dos hechos terribles —casi un quiasmo de la historia— quizá no era casual y que, si conseguía contarlos sin pérdida en un mismo artículo, su extraño paralelismo acaso podía dotarlos de un significado inédito. Esta superstición se afianzó cuando, al empezar a documentarme un poco, di por casualidad con la historia del viaje de Manuel Machado hasta Collioure, poco después de la muerte de su hermano Antonio. Entonces me puse a escribir. El resultado fue un artículo titulado «Un secreto esencial». Como a su modo también es esencial para esta historia, lo copio a continuación:

«Se cumplen sesenta años de la muerte de Antonio Machado, en las postrimerías de la guerra civil. De todas las historias de aquella historia, sin duda la de Machado es una de las más tristes, porque termina mal. Se ha contado muchas veces. Procedente de Valencia, Machado llegó a Barcelona en abril de 1938, en compañía de su madre y de su hermano José, y se alojó primero en el Hotel Majestic y luego en la Torre de Castañer, un viejo palacete situado en el paseo de Sant Gervasi. Allí siguió haciendo lo mismo que había hecho desde el principio de la guerra: defender con sus escritos al gobierno legítimo de la República. Estaba viejo, fatigado y enfermo, y ya no creía en la derrota de Franco; escribió: « Esto es el final; cualquier día caerá Barcelona. Para los estrategas, para los políticos, para los historiadores, todo está claro: hemos perdido la guerra. Pero humanamente, no estoy tan seguro… Quizá la hemos ganado ». Quién sabe si acertó en esto último; sin duda lo hizo en lo primero. La noche del 22 de enero de 1939, cuatro días antes de que las tropas de Franco tomaran Barcelona, Machado y su familia partían en un convoy hacia la frontera francesa. En ese éxodo alucinado los acompañaban otros escritores, entre ellos Corpus Barga y Carles Riba. Hicieron paradas en Cerviá de Ter y en Mas Faixat, cerca de Figueres. Por fin, la noche del 27, después de caminar seiscientos metros bajo la lluvia, cruzaron la frontera. Se habían visto obligados a abandonar sus maletas; no tenían dinero. Gracias a la ayuda de Corpus Barga, consiguieron llegar a Collioure e instalarse en el hotel Bougnol Quintana. Menos de un mes más tarde moría el poeta; su madre le sobrevivió tres días. En el bolsillo del gabán de Antonio, su hermano José halló unas notas; una de ellas era un verso, quizás el primer verso de su último poema: « Estos días azules y este sol de la infancia ».

                                                                       Javier Cercas, Soldados de Salamina, 2001.

Era cierto que la lucha acababa de terminar. Era cierto que mis hombres estaban cansados, que necesitaban descansar, pero no creo que aquellos diez minutos resultaran tan largos para ninguno como para mí. La decisión que acababa de tomar me había devuelto al día más amargo de mi vida, y mientras escuchaba a lo lejos los gritos de Comprendes, volví a vivirlo, a verlo todo, montones de maletas abandonadas flanqueando la carretera y aquellas mujeres moribundas de cansancio, cargadas de bultos y de niños, algún hijo más grande de la mano, que avanzaban despacio por la calzada entre soldados sucios, encogidos. Ellos también entraban en Francia solos, en parejas o enpequeños grupos, a veces junto a algún animal suelto, atado a un cordel que nadie sostenía por el otro extremo. Yo estaba allí, viéndolo todo, escuchando el sonido de la derrota, ecos de voces que repetían un nombre a gritos, quejas, juramentos, los gimoteos de una niña que se había perdido. También el silencio de una mujer exangüe, que llevaba toda la desesperación del mundo prendida en los ojos y el pañuelo de las campesinas sobre la cabeza. Aquella mujerque se sentó en una cuneta y se sacó un pecho flaco, vacío, para intentar aplacar al bebé que llevaba entre los brazos, no para que un fotógrafo norteamericano la encuadrara con su cámara.

Al final, aquella foto dio la vuelta al mundo desde la portada del París Match, porque cuando estaba a punto de ir a partirle la cara a aquel cabrón, mi teniente coronel me llamó a gritos, ¡González! Aquel día de febrero de 1939, yo aún no era el Gaitero, y él, José del Barrio, todavía el jefe del XVIII Cuerpo del Ejército Popular de la RepúblicaEspañola, mi jefe. Cuando llegué a su lado, vi que él también estaba mirando a aquella mujer, la miraba de un modo que me obligó a preguntarme de dónde iba. a sacar la leche que iba a pedirme de un momento a otro, pero lo que dijo fue distinto. Mis hombres no van a pasar la frontera como vagabundos, como maleantes, mis hombres no, eso fue lo que me dijo. Avisa al mando de que cedo mi turno. Pasaremos mañana.

Somos unos cabrones. Antes de obedecer aquella orden, me fui a por el fotógrafo, le aparté de la mujer, y cuando ya estaba a punto de meterle una hostia, empezó a apaciguarme en español, con los brazos extendidos haciadelante, las manos abiertas, está bien, está bien. Luego se marchó corriendo, y fui tan tonto que ni siquiera le quité el carrete. Después de eso, creí que ya nada podría impresionarme, pero en el puesto de mando había un general mayor, con la guerrera alicatada de medallas, que lloraba como un niño de sesenta años y sólo sabía repetir esa frase, somos unos cabrones, unos cabrones, somos unos cabrones. Y ni siquiera eso me conmovió tanto como el discurso quepronunció el teniente coronel a mi regreso, ante una masa de hombres desaliñados, rendidos por fuera y por dentro, formados a regañadientes.

Yo los vi, vi su cansancio, su desesperación, tan semejante a la mía, y cómo se esfumaban todas juntas, cómo íbamos irguiéndonos  uno por uno, cómo levantábamos el ánímo, y la cabeza, mientras escuchábamos aquellas palabras, hemos perdido la guerra, pero no el honor, hemos perdido la guerra, pero no la razón, hemos combatido durante tres años por la legalidad constitucional de nuestro país, como el único ejército español legítimo… Al día siguiente, todos los hombres del XVIII pasamos la frontera afeitados, limpios, repeinados y desfilando, cantando el Himno de Riego en perfecta formación, para ir a parar a los mismos campos que los demás, como si fuéramos vagabundos, como sí fuéramos maleantes. En apariencia, aquel gesto no sirvió de nada, y sin embargo, el 2 de julio de 1944, cuando entré en la plaza de aquel pueblo de Haute-Garonne cuya liberación nunca aparecerá en ningún tratado sobre laSegunda Guerra Mundial, mire al cielo, como miran los toreros cuando quieren brindar un toro a alguien que ya no está asu lado, antes de empezar como empezaba mi teniente coronel cuando hacíamos las cosas bien.

-¡Enhorabuena, camaradas! Enhorabuena y gracias a todos. Hemos ocupado esta posición sin bajas mortalesante un enemigo numéricamente superior, y esto es sólo el principío, pero nuestro camino no termina en París -aquella frase les desconcertó tanto que sólo al escucharla empezaron a prestarme atención de verdad-. Eso es lo primero que quiero advertiros. Nosotros no luchamos para llegar a París, y tampoco somos soldados de fortuna. No somosmercenarios, no somos forajidos, no somos bandoleros ni salteadores de caminos -hice una pausa y levanté la voz-.¡Nosotros seguimos siendo el Ejército de la República Española! -ellos rugieron, pero yo rugí más que ellos-. Eso es loque han aprendido los alemanes hace un rato, y eso es lo que no voy a consentir que se le olvide a nadie, ¿está claro? ¡A nadie!Porque hace cinco años perdimos una guerra, pero durante tres años luchamos con las armas contra el fascismo, por lalegalidad constitucional de nuestro país, por los derechos y por las libertades de los españoles. Y no sé por qué lucháisvosotros, pero yo sigo luchando por la misma causa…

Mientras hablaba, les iba mirando a la cara, ganando confianza y perdiéndola a la vez, porque no estaba muy seguro de cómo iban a reaccionar. Yo no tenía ningún sable, no había estudiado en ninguna academia, no habíarecibido galones ni medallas de ningún ministro de la Guerra, y nunca había desfilado sobre.un caballo blanco. Yo eracomo ellos, lo mismo que ellos, un minero asturiano, un soldado del XVIII, un rojo español de Argeles-sur-Mer, un leñador forzoso, luego un guerrillero, ni más ni menos que los hombres que tenía delante.

Almudena Grandes, Inés y la Alegria, 2010.

La Guerra Civil en la poesía

 

Canción del esposo-soldado

Sobre los ataúdes feroces en acecho,

sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa

te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho

hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa

mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,

te acercas hacia mí como una boca inmensa

de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:

aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,

y defiendo tu vientre de pobre que me espera,

y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado

envuelto en un clamor de victoria y guitarras,

y dejaré a tu puerta mi vida de soldado

sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.

Miguel Hernández, Vientos del pueblo, 1937.

 

Tristes guerras

Tristes guerras

si no es amor la empresa.

Tristes, tristes.

Tristes armas

si no son las palabras.

Tristes, tristes.

Tristes hombres

si no mueren de amores.

Tristes, tristes.

Miguel Hernández, Romancero y cancionero de ausencias, 1942.

Frente

Éste es el frente; aquí no hay

el menor asomo de juego.

Ya no valen literaturas;

éste es el frente duro y seco.

Es la bala y el cuerpo humano.

Es la tierra y el cuervo siniestro.

Es la cabeza y es la mano.

Y es el corazón contra el hierro.

Es subir y bajar cañones

por lomas atónitas de miedo.

Es aguantar cuchillos y cascos

sin moverse del parapeto.

Es acompañar a los tanques

monstruosos en sus sondeos.

Es no beber y no comer

y no dormir un día entero.

Es salir con la frente alta

o en la lona del camillero.

José Moreno Villa, Romances de la Guerra Civil, 1936-1937.

La guerra

De mar a mar entre los dos la guerra,

más honda que la mar. En mi parterre,

miro a la mar que el horizonte cierra.

Tú, asomada, Guiomar, a un finisterre,

miras hacia otro mar, la mar de España

que Camoens cantara, tenebrosa.

Acaso a ti mi ausencia te acompaña.

A mí me duele tu recuerdo, diosa.

La guerra dio al amor el tajo fuerte.

Y es la total angustia de la muerte,

con la sombra infecunda de tu llama

y la soñada miel de amor tardío,

y la flor imposible de la rama

que ha sentido del hacha el corte frío.

Trazó una odiosa mano, España mía

 

Trazó una odiosa mano, España mía,

– ancha lira, hacia el mar, entre dos mares –

zonas de guerra, crestas militares,

en llano, loma, alcor, y serranía.

Manes del odio y de la cobardía

cortan la leña de tus encinares,

pisan la baya de oro de tus lagares,

muelen el grano que tu suelo cría.

-Otra vez – í otra vez ! – ¡ Oh triste España !,

cuanto se anega en viento y mar se baña

juguete de traición, cuanto se encierra

en los templos de Dios mancha el olvido,

cuanto acrisola el seno de la tierra

se ofrece a la ambición, ¡todo vendido !

Antonio Machado, Poemas de la guerra, marzo de 1938.

 

Olvidar o recordar en el teatro contemporáneo

Unknown

 

Las novelas gráficas

LOS SURCOS DEL AZAR

Article intégral LOS 80 AÑOS DE LA RETIRADA

Artículo sobre la exposición del museo del Quai Branly : Perú antes de los Incas

Artículo sobre la exposición del museo del Quai Branly : Perú antes de los Incas (viaje de enero de 2018)

Pauline Père


P1010014.JPGDesde el 14 de noviembre de 2017 hasta el primero de abril de 2018 al museo del Quai Branly en Paris, se puede ver una exposición sobre las diferentes poblaciones prehispánicas que se desarrollaron al pie de la Cordillera de los Andes hace más de 1500 años. Numerosas cerámicas producidas específicamente por los Mochicas (también llamados Moches) fueron restauradas en el marco de esta exposición, revelando así una parte de toda la riqueza de esa civilización. Marcados con complejos símbolos, sus motivos unen el mundo animal, vegetal y humano para crear una armonía sagrada que acompañará a los difuntos en el más allá. Su dimensión utilitaria está cuestionada pues no solamente por el espacio del museo que les descontextualiza sino también por su misma índole, su valor ritual. Pájaros, insectos y otros reptiles estilizados están así asociados a diferentes divinidades, engendrando figuras antropo-zoomorfas, a imagen y semejanza de esta concordancia entre la naturaleza y la comunicación entre los mundos. Asimismo, la noción de dualismo es esencial en el seno de esa cultura ya que ilustra esta complementariedad natural. Se encuentra esta coexistencia en el uso alternado del oro y de la plata o también en la evocación de la sexualidad en toda su sacralidad. La “huaca” (“sagrado” en lengua mochica) está pues en el centro mismo del arte pre-incaico, a la vez en la comunicación entre los mundos, pero también a través de una estructura política teocrática jerarquizada con la totalidad de los ritos sacrificiales que la acompañan.

Así, todas estas producciones hechas con cerámica encarnan el precioso testimonio cultural de un pasado a menudo olvidado, particularmente víctima del saqueo de los “huaqueros”. La reunión de la totalidad de estas obras se inscribe así en la lógica de un acto de memoria con toda la dimensión histórica que sugiere, invitando al espectador a abrirse a nuevas culturas en ningún caso primitivas pero sí originarias.


Compte-rendu au sujet de l’exposition au Quai Branly : Le Pérou avant les Incas (voyage de janvier 2018)

Du 14 novembre 2017 au 1eravril 2018 au Musée du Quai Branly à Paris, a lieu une exposition portant sur les différents peuples préhispaniques qui se sont développés au pied de la cordillère des Andes, il y a plus de 1500 ans. De nombreuses céramiques produites notamment par les Mochica (aussi appelés Moche) furent restaurées à l’occasion de cette exposition, dévoilant ainsi une partie de toute la richesse de cette civilisation. Empreintes de symboliques complexes, leurs motifs allient le monde animal, végétal et humain pour créer une harmonie sacrée qui accompagnera les défunts dans l’au-delà. Leur dimension utilitaire est donc remise en cause non seulement par l’espace muséal qui les décontextualise mais aussi par leur nature même, leur valeur rituelle. Oiseaux, insectes et autres reptiles stylisés sont ainsi associés à différentes divinités, donnant naissance à des figures anthropo-zoomorphes à l’image de cette concordance de la nature et de la communication entre les mondes. De même, la notion de dualisme est essentielle au sein de cette culture puisqu’elle illustre cette complémentarité naturelle. On trouve cette coexistence dans l’usage alterné de l’or et de l’argent ou encore dans l’évocation de la sexualité dans toute sa sacralité. La huaca »(« sacré » en mochica) est donc au cœur même de l’art pré-incaïque, à la fois dans la communication entre les mondes mais aussi au travers d’une structure politique théocratique hiérarchisée avec l’ensemble des rites sacrificiels qui l’accompagnent.

Ainsi, toutes ces productions en céramique incarnent le précieux témoignage culturel d’un passé si souvent oublié, étant notamment victime du pillage des « huaqueros ». La réunion de l’ensemble de ces œuvres se place de ce fait dans la logique d’un acte de mémoire avec toute la dimension historique qu’il comprend, invitant le spectateur à s’ouvrir à des cultures loin d’être primitives puisqu’originaires.

Pauline Père

Federico Garcia Lorca, Yerma (1934)

Federico Garcia Lorca, Yerma (1934)

Maryline Lacouture

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Article intégral PDF 554 ko Lorca Yerma Lacouture


Yerma : la evolución del personaje a la largo de la obra

Si nos atenemos a lo que dijo el propio Lorca, Yermano tiene argumento. Yermaes un carácter que se va desarrollando en el transcurso de los seis cuadros de que consta la obra. El desarrollo del carácter de la protagonista está internamente conectado pues con el tiempo dramático. Pero el tiempo no fluye de manera regular en toda la obra : pasa 1 año entre el primer cuadro y el segundo del primer acto y 2 más entre éste y el segundo cuadro del segundo acto. Luego ya no se menciona explícitamente el paso del tiempo, el espectador comprende que la evolución de Yerma ya ha alcanzado una especie de punto de no retorno que se consuma en la totalidad del tercer acto.

  1. La angustiosa y temblorosa espera y la historia de un desencuentro: acto primero
  • Yerma lleva 24 meses de casada y, como ya hemos visto, la primera escena de la obra da a ver todos los elementos de la tragedia: la presencia de la pareja protagonista # antagonista, el conflicto entre el deseo y la realidad que es la raíz de la tragedia, el rechazo del destino por parte de Yerma, el drama de la incomunicación que explica la « esterilidad » de las relaciones entre marido y mujer
  • Domina el tema de la espera angustiada del hijo evidenciada desde el principio en la canción de cuna de Yerma al final de la primerísima escena : ¿Cuándo, mi niño, vas a venir ?(p.45). Lo que anhela el personaje es la fusión total con el hijoque pasa por el dolor del parto (Te diré, niño mío, que sí,/tronchada y rota soy para ti./¡Cómo me duele esta cintura/donde tendrás primera cuna !, p.45) o el sufrimiento producido por la lactancia (Yo he visto a mi hermana dar de mamar a su niño con el pecho lleno de grietas y le producía un gran dolor, pero era un dolor fresco, bueno, necesario para la salud, p.50). Esta espera de la osmosis sensual con el hijo pasa por un adverbio en la acotación final de la escena con María (Yerma le coge amorosamenteel vientre en las manos, p.50).
  • Premonición de la « maldad » por venir o sea de la evolución del personaje : Si sigo así, acabaré volviéndome mala(p.49) y Cada mujer tiene sangre para cuatro o cinco hijos y cuando no los tienen se les vuelve veneno, como me va a pasar a mí(p.50), le dice a María àel futuro (acabaréyme va a pasar) y la noción de transformación radical (volverse una persona o volvérsele a una persona) anuncian e insisten en la evolución de Yerma.
  • En el cuadro segundo del primer acto, Yerma lleva 3 años de casada pero sigue esperando (escena con la vieja : la vieja dice ¡Ya tendrás [hijos] !y Yerma contesta con ansia ¿Usted lo cree ?, p.53). Quiere comprender por qué no es capaz de tener hijos (¿Por qué estoy yo seca ?, p.54), pero se  nota que las preguntas conllevan todavía una nota de esperanza. Se precisa lo que la primera escena con Juan así como la escena final del cuadro precedente con Víctor  ya habían dejado suponer: Yerma no desea a su marido, no es atraída por él y sí podría serlo por Víctor (p.55-56 : Mi marido es otra cosa…el primer día que me puse de novia con él ya pensé…en los hijos). A pesar de su sensualidad potencial reconocida por la vieja (¡Ay, qué flor abierta !, p.57) y que podría desarrollarse y encarnarse si ella quisiera a un hombre, Yerma está llenándose de odio (p.56). Se van precisando la idea de un desencuentro amorosoy la noción de causalidad : Yerma no tiene hijos porque el deseo no es el motor de su relación con Juan àYerma va adquiriendo pues el estatuto de personaje trágicoen la medida en que empieza a percibirse la hybris(arrogancia irracional del héroe que persevera en su acción), uno de los elementos de la tragedia antigua : Yerma continúa y continuará pensando que una se entrega al marido para tener hijos que resulta ser el único objetivo por alcanzar (Yo me entregué a mi marido por él [por el hijo], y me sigo entregando para ver si llega, pero nunca por divertirme, p.56). La escena con las muchachas bien muestra el contraste entre Yerma y la muchacha segunda : el afán de libertad de la jovencita y su rechazo de la maternidad son el contrapunto perfecto de la angustiada espera de Yerma.
  • Por fin este acto hace hincapié en el deseo frustradocomo causa de la esterilidad : la canción de Víctor, a la cual contesta Yerma cantando también, indica a las claras que no se ha realizado el encuentro posiblemente fructuoso entre dos cuerpos mutuamente atraídos (¿Por qué duermes solo, pastor ?, p.61), de ahí la sensación de soledad y frío (esta isotopía se plasma en las imágenes : oscura piedra, invierno, agujas, hierbas amargas, espina). Todo indica metafóricamente que el deseo reprimido ahoga y mata, lo cual explica la ausencia del hijo (¿qué niño te está matando ?, p.61) . Yerma no ve claramente que Víctor encarna la fecundidad posible (Y qué voz tan pujante. Parece un chorro de agua que te llena toda la boca, le dice a Víctor, p.62) si bien percibe que su marido tiene un carácter seco(p.62). Víctor bien aparece como laocasión perdida, la posibilidad fecundadora inalcanzable (cuando Yerma está a su lado oye la voz de un niño pequeño que llora como ahogado, p.63, metáfora clara de la maternidad imposible). Así que al final del acto, por no poder realizarse el encuentro con un hombre amado, Yerma dice claramente que está perdiendo su femineidad(Ojalá fuera yo una mujer, p.65) y al decirle a su marido ¡Me dormiré !–casi al gritárselo-, en realidad se encierra en su suerte de mujer frustrada, cerrando definitivamente la puerta ante otro destino.

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Mario Benedetti, Primavera con una esquina rota

Mario BENEDETTI, Primavera con una esquina rota (1982)

Maryline Lacouture

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Texte intégral 246 ko Benedetti Lacouture prepasaintSernin


Plano :

  1. El título
  2. El paratexto: la dedicatoria, los epígrafes
  3. La estructura de la novela: una novela polifónica, la organización de los capítulos, un sistema de ecos y resonancias, un ritmo binario constante.
  4. La multiplicidad de los puntos de vista: narradores y narratarios

Mario Benedetti ha dicho en alguna ocasión : Cuando parece que la vida imita al arte, es porque el arte ha logrado anunciar la vida (Poemas de otros, 1975). Así que parece válido partir de la idea de que la obra de Benedetti –novelas, poemas y cuentos- es inseparable del entorno del artista, del contexto en que le ha tocado en suerte vivir. Novela de una sociedad escindida, fracturada por el autoritarismo y la represión, Primavera con una esquina rota evidencia la profunda conmoción provocada por los acontecimientos políticos en el Uruguay de los 70.

A partir de los personajes de una misma familia o de su entorno próximo, la novela pone énfasis en la influencia que tuvo el contexto político en las relaciones humanas. Pero en medio de la ficción se inmiscuye el propio autor Mario Benedetti que propone su propia experiencia del exilio a partir de algunos recuerdos.

  1. El título:

-Título metafórico y dual : la primavera remite a la esperanza y renacimiento a una nueva vida tras el « invierno » de la cárcel y la represión, pero se trata de una primavera mutilada o truncada (con una esquina rota) ya que los personajes salen diferentes y más o menos heridos de esta experiencia. Se impone pues desde el título la idea de renacimiento inseparable (con) de la idea de pérdida o mutilación.

-La explicación del título se hace más clara al final de la novela : en « Don Rafael (Quitar los escombros) », Rafael, el padre de Santiago, recuerda que, cuando murió su mujer en 1958, estaba sonando por casualidad en la radio la Primavera  de Vivaldi. Le encantaban Las Cuatro Estaciones y ella había dicho alguna vez qué bueno sería morir escuchando alguna de las Cuatro Estaciones de Vivaldi. Y Rafael explica : Santiago lo supo y quizá por eso esa palabra, primavera, ha quedado ligada para siempre a su vida. Es como un termómetro, su patrón, su norma. Aunque no lo mencione sino rarísimas veces, sé que para él los aconteceres del mundo en general y de su mundo en particular se dividen en primaverales, poco primaverales y nada primaverales

La primavera que se anuncia con la liberación de Santiago vuelve a aparecer en el capítulo « Extramuros (Fasten seat belt) » cuando el personaje recién liberado está cavilando en el avión y se dice a sí mismo : después de estos cinco años de invierno nadie me va a robar la primavera

la primavera es como un espejo roto pero el mío tiene una esquina rota/era inevitable no iba a conservarse enterito después de este quinquenio más bien nutrido/pero aun con una esquina rota el espejo sirve la primavera sirve  (el subrayado es mío).

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Alberto Mendez, Los girasoles ciegos

Alberto Mendez, Los girasoles ciegos, (2004)

Maryline Lacouture

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Presentación de la novela –

  1. Alberto MENDEZ :
  • Alberto Méndez Borra nació en Roma en 1941. Su padre, el poeta y traductor, José Méndez Herrera, trabajaba en aquel momento en la ciudad italiana. Era traductor habitual de la editorial Aguilar, para la que tradujo muchas obras de autores llegando a conseguir en 1962 el Premio Nacional de Traducción por sus versiones de las obras teatrales de Shakespeare.
  • Alberto Méndez, hombre de izquierdas, (milita en el Partido Comunista hasta 1982) estuvo siempre vinculado, de una u otra manera, al mundo de la edición. En su lucha contra el franquismo crea, entre otras, la editorial política “Ciencia Nueva”que clausura Manuel Fraga Iribarne en su época de ministro de la dictadura franquista. Asimismo, llega a ser un alto ejecutivo de la editorial Montena y se dedica a labores de guionista (colaboró en programas dramáticos de RTVE y fue guionista con Pilar Miró) y traductor a veces en solitario y otras en compañía de su hermano Juan Antonio.
  1. Los girasoles ciegos : resumen
  • Alberto Méndez es el autor de un único libro que recibió varios premios : el Premio Setenil otorgado por el Ayuntamiento de Molina de Segura al mejor libro de cuentos del año, y póstumamente el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Narrativa en 2005. Conoció una gran difusión ya que se cuentan 25 ediciones entre noviembre de 2004 y 2008. Es un libro de cuentos articulado en torno a cuatro historias- cuatro derrotas existenciales más que bélicas- que transcurren entre el período quizá más duro de la posguerra, que va desde 1939 a 1942, y que siendo totalmente independientes están hábilmente entrelazadas entre sí. Sus personajes son seres vencidos que se encuentran en un camino sin retorno recorriendo una senda dolorosa.
  • En el primer relato, o primera derrota, Carlos Alegría, oficial del ejército nacional, se rinde a los republicanos cuando las tropas golpistas están entrando en Madrid. Postura que, lógicamente, no es entendida por ninguno de los dos bandos, pero que el oficial explica, entre otras muchas razones aparentemente arbitrarias, porque sus correligionarios no querían ganar la guerra, sino matar al enemigo. Su entrega le acallará la mala conciencia de haber sido miembro de un ejército que, para vencer, ha tenido que cometer tantas atrocidades y crímenes Como dice Ramón Pedregal a propósito de una reseña sobre el libro: “El capitán Alegría es un Bartleby que cuestiona la norma de aquellos con los que vive y no puede abandonar su visión de lo que ocurre”.
  • La segunda derrota nos cuenta el breve periplo de un joven poeta que huye de los vencedores hacia las montañas asturianas en compañía de su novia embarazada. En medio de la soledad y el frío la muchacha da a luz a un niño y muere tras el parto. Sólo se encontrarán los restos del joven y de su hijo y un cuaderno que sirve de punto de partida al relato.
  • El tercer relato, o tercera derrota, gira alrededor del soldado republicano Juan Serna. Cuando el presidente del tribunal que debe juzgarle y su mujer se enteran de que el soldado enemigo conoció y vio morir a su hijo (un ser abyecto que fue fusilado por sus múltiples delitos) le conminan a que hable y hable sobre ese hijo. Intentando arañar unos días más a la existencia, convierte al joven traidor en el héroe que quieren los padres. Mas la impostura pronto le asquea y cuenta la verdad. Verdad que indefectiblemente le llevará a la muerte.
  • La cuarta derrota que cierra el libro transcurre en la opresiva vida cotidiana del nuevo régimen. Ricardo es un “topo” al que toda la familia protege entre miedos y silencios. Desde el armario en el que vive encerrado contempla impotente y horrorizado el acoso libinidoso que sufre su mujer por parte de un diácono, profesor del hijo del matrimonio.

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